lunes, 3 de septiembre de 2007

La Imaginación contra el Sistema


La Artículos de Metapolítica



* Eduardo Hernando

Si hay algo que distingue al verdadero político del tecnócrata es el uso que hace el primero de la imaginación. El tecnócrata entonces reprime este talento y más bien restringe cualquier empleo de este don de la naturaleza en harás de materializar un proyecto que supuestamente ya tiene definido y simplemente basta ser aplicado. En esta comparación entonces el político representa en el fondo a la naturaleza humana, mientras que el tecnócrata se deshumaniza a medida que se envuelve en la telaraña de la técnica.

La imaginación como lo decían acertadamente Adam Smith y David Hume en el siglo XVIII no solamente servía para impulsar la sociedad comercial sino también para afirmar un discurso ético por ejemplo cuando una persona empleando la imaginación podía suponer que si se encontraba en una situación de miseria sería su deseo que alguien le pudiese tender la mano. La imaginación entonces nos conducía a la solidaridad y nos llevaba al afianzamiento de la vida comunitaria.

Así también, no podría existir una sociedad plural sin la imaginación porque tan solo bastaría el contacto con el entorno o la lectura de buena literatura para encontrarnos con una realidad política enriquecida por ella. Finalmente, sin la imaginación no estaríamos en capacidad de aspirar a nuevas formas políticas y a una sociedad más justa y más feliz.

Si hay algo que ha conseguido la sociedad contemporánea es precisamente asfixiar a la imaginación y por ello nos encontramos con una realidad que nos aplasta y que nos impide aspirar a algo diferente. La crisis de las ideologías y la tiranía del llamado “pensamiento único” no son sino manifestaciones la supresión de la imaginación.

Resulta también paradójico como el mercado que inicialmente se forjó en función a la misma imaginación ahora resulte ser su mayor enemigo pues la tarea de éste en la actualidad es estandarizar y aniquilar miles de formas de vida que por ejemplo no son deseables para los consumidores. Por ello, la alianza entre el mercado y la tecnología deviene realmente siniestra para la política y para la posibilidad de constituir un proyecto político plural, tolerante y libre.

Da mucha lastima ver como es que todos nuestros políticos hace mucho tiempo que dejaron la imaginación a un lado y se han convertido en simples reproductores de discursos tecnocráticos que no han servido para nada y que en el caso de América Latina por ejemplo han contribuido a dejarnos tal y como estamos hoy: en la miseria más trágica.

Sin embargo, si bien la política requiere de la imaginación como señalamos, ciertamente, la pura imaginación sin ningún freno sería también negativa porque limitaría la posibilidad de la decisión – esencial en la política – dejando al político literalmente en las nubes y sin capacidad de acción. En este sentido, una buena dosis de realismo no estaría reñida con la actividad política.

Devolverle al hombre la capacidad de soñar debe ser la una de las primeras cosas que tendríamos que hacer si es que queremos realmente cambiar. Es cierto, que ahora todo esta hecho precisamente para evitar que ella retorne pues la imaginación sin dudas que estaría en condiciones de vencer la apatía con la que se nutre y se mantiene este delirante sistema.