jueves, 13 de septiembre de 2007

Imperio Liberal, Imperio Marxista


Artículos de Metapolítica


Imperio
Michael Hardt y Antonio Negri
(Barcelona: Paidós, 2,002) 432 p.

Por Eduardo Hernando Nieto

En los últimos años nos hemos acostumbrados a recibir ciertas publicaciones que no solamente barren en ventas sino que son precedidos de una frondosa propaganda tanto en ámbitos académicos como periodísticos, este ha sido el caso de El Fin de la Historia de Francis Fukuyama, El Choque de Civilizaciones de Samuel Huntington y ahora el último en la lista Imperio, el “galáctico” título editado por la políticamente correcta Universidad de Harvard, escrita alimón por un ex miembro de las siniestras brigadas rojas italianas y profesor por muchos años en la Universidad de Paris, Antonio Negri y de un joven profesor de literatura de la Universidad de Duke, Michael Hardt.

Convertido por muchos entusiastas de izquierda en el nuevo evangelio marxista o en el “manifiesto comunista” de la era postmoderna, llama la atención en principio por la propuesta de los autores quienes identifican el imperio o la globalización como una etapa no del todo negativa y que al contrario podría servir de una gran utilidad para la realización del sueño marxista de la sociedad sin Estados, sin clases, razas o culturas, así pues señalan ellos: “Aun reconociendo todo esto, insistimos en afirmar que la construcción del imperio implica un avance en el sentido de desechar toda nostalgia por las estructuras de poder que lo precedieron y repudiar toda estrategia política que implique retornar al antiguo ordenamiento, como tratar de resucitar al Estado – nación para protegerse contra el capital global .Sostenemos que el imperio es mejor del mismo modo que Marx sostenía que el capitalismo es mejor que las formas de sociedad y los modos de producción anteriores a él. La visión de Marx se basa en la lúcida y saludable aversión por las jerarquías parroquiales y rígidas que procedieron a la sociedad capitalista, así como un reconocimiento de que, en la nueva situación, el potencial para la liberación crece..” (p.56)

El imperio en este caso correspondería al fin de la etapa imperialista asociada a los Estados – nación y se definiría en términos de un mundo sin fronteras y sin distinciones, vale decir sin la posibilidad de hallar enemigos. Este orden político construido por las fuerzas económicas pero con la ayuda imprescindible del derecho pues como señalan Negri y Hardt el imperio es también una estructura jurídica y que además tiene su mayor referente en la obra de Hans Kelsen, podría resolver en gran medida los problemas que había tenido el marxismo para lograr su expansión como fue el caso del mismo Estado moderno o de los elementos que le dieron vida por tantos años como la nacionalidad o la especificidad cultural o étnica.

Ahora bien, a pesar de este elemento extremadamente valioso de la globalización, es cierto que esta etapa del imperio implica también un dominio total sobre el ser humano en lo que los autores denominan “biopolítica”, vale decir, el control absoluto de la mente y del cuerpo de los seres humanos que significa en el fondo una invasión total dentro de todos los ámbitos de su vida. Por cierto, esto mismo ya había sido denunciado con anterioridad por el filósofo Michel Foucault al narrar el tránsito de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control, fruto – dichos sea de paso - de la tecnología moderna posterior al desarrollo industrial.

El imperio por otro lado, también exhibe una configuración política análoga según ellos a la famosa constitución mixta de Polibio y que los Estado Unidos incorporó como forma de gobierno, y aunque para los citados autores decir imperio no significa decir Estados Unidos, si podría afirmarse que éste presenta la forma de gobierno norteamericana con una cabeza visible análoga al monarca (los Estados Unidos obviamente), un conjunto de países influyentes semejante a la aristocracia, (Unión Europea, Japón etc.) y una multitud que desea hacerse escuchar, (el resto del mundo) es decir una democracia.

Como todo imperio histórico, empero, éste tendrá su final y por eso hay que confiar en que tarde o temprano caerá. Oponerse a su reinado en la actualidad puede ser sin embargo, una acción inconveniente puesto que podría hacer retroceder el proceso de mundialización más aun si aquellos que protestan contra su reinado lo hacen apelando a ideas y valores del mundo – felizmente para ellos – fenecido como la soberanía, la identidad, y la diferencia. No obstante, lo que si podría hacerse es alentar el espíritu de las multitudes para que puedan ir canalizando hacia sus intereses las enormes fuerzas de la globalización y lograr entonces la liberación del control biopolítico.

Si la revolución mundial apuraba un proyecto en donde Dios y la patria no significarían absolutamente nada es evidente el nexo que el plan del comunismo tiene con la tiranía del mercado y la sociedad de consumo que descansa en la misma razón, el capital carece de Dios y tampoco posee o desea una patria. ¿habrán en el fondo muchas diferencias entre Richard Posner y Antonio Negri me pregunto yo?