jueves, 24 de abril de 2008

Leo Strauss y la esencia de la filosofía política


Artículos de Metapolítica


Eduardo Hernando Nieto


Etiquetado por los medios de comunicación[1] y cierta literatura aparentemente académica [2] como la eminencia gris del neoconservadurismo norteamericano simplemente por el hecho de que algunos de sus discípulos y amigos como Harvey Mansfield, en Harvard, Allan Bloom en Cornell, o Joseph Cropsey en Chicago fueron en algún momento maestros de personajes hoy emblemáticos dentro de la administración conservadora, en especial de la política exterior, como Paul Wolfowitz, William Kristol, Abraham Shulsky o Francis Fukuyama. Leo Strauss (1899 – 1973) fue sin duda uno de los más significativos y serios filósofos – en el verdadero sentido de la palabra – del siglo XX.

Nacido en Alemania en el seno de una familia judía bastante ortodoxa y conservadora, recibió su doctorado en filosofía en el año de 1921 en la Universidad de Hamburgo. Tras los problemas surgidos en Alemania por la llegada del Nacional Socialismo, emigra a los Estados Unidos, continuando su actividad docente en la New School of Social Research (centro de reunión de muchos emigrados judíos europeos) y a partir de 1949, en la Universidad de Chicago, como profesor de filosofía política en donde fue nombrado profesor distinguido de la cátedra Robert Maynard Hutchins y luego de su retiro en 1968, continua aun en la docencia en el Claremont College en California y en el Saint John´s College en Maryland. [3]

Autor de una obra bastante contundente que incluye más de un docena de libros y más de ochenta artículos académicos, logró asimismo reunir a una serie de brillantes alumnos que con el correr de los años se convertirían en muy destacados profesores – conocidos como straussianos - que irradiarían también entre sus mismos alumnos las enseñanzas filosóficas de su maestro, sustentadas principalmente en la recuperación y la lectura de los grandes autores de la filosofía política tanto antiguos como modernos. [4]

En realidad como señalan Nathan Tarcov y Thomas L. Pangle, (precisamente otros dos importantes discípulos suyos), la mayor preocupación de Strauss siempre estuvo en comprender la naturaleza de la crisis de occidente y la crisis de la modernidad y justamente para entender mejor este problema es que se concentra especialmente en el estudio de la etapa anterior a la modernidad, es decir, el pensamiento antiguo:

“ La respuesta de Strauss a la crisis de la modernidad fue un estudio de la filosofía política tanto moderna como antigua. Puesto que la crisis era resultado de las expresiones más recientes de lo que se hallaba implícito en las premisas esenciales de la filosofía política moderna, era imposible ir adelante directamente y resolverla con base en esas doctrinas más recientes. Era necesario, más bien, retroceder por lo menos provisionalmente, y tratar de recuperar esas premisas en sus formas originales anteriores para ver si la crisis podía superarse con base en ellas.” [5]


A pesar de los problemas que traería consigo la modernidad [6], era preciso no ignorarla y poner mucha atención en sus gestores y desarrollo [7], puesto que el fenómeno de la ilustración había nacido también como una corriente de oposición a los principios filosóficos antiguos y por ello, al mantener vivo el pensamiento moderno también hacíamos lo propio con el pensamiento antiguo. En realidad, en estos momentos que se cuestiona tanto a la modernidad a través de propuestas filosóficas y políticas genéricamente denominadas como postmodernas[8], se estaría produciendo también la exclusión y olvido del pensamiento antiguo, por lo que se entendía el sentido de mantener todavía vivo el discurso moderno.


Ahora bien, en relación a la misma naturaleza de la modernidad se podría considerar que la modernidad en muchos aspectos no había podido percibir la tensión entre las ideas que la constituyeron [9] y menos aun percatarse de la crisis en la que se desenvuelve [10], esto probablemente porque sus convicciones como la idea del progreso, la separación entre hechos y valores, el relativismo y el historicismo lo impidieron [11]. Evidentemente, también estos elementos no permitieron que se tome en serio a la filosofía política antigua (que quedaba superada por ejemplo por la filosofía moderna) y con ello se impedía también encontrar o conocer las alternativas a la crisis que se hallaban justamente antes de que la misma modernidad naciera. De allí entonces, la necesidad de hurgar en las ideas políticas del pasado.

Evidentemente, el aparente interés de Strauss en la historia de las ideas políticas no nacería de la supuesta superioridad de ésta respecto a otras formas de conocimiento político sino que se convertiría en realidad en la forma que adoptaría Strauss para hacer comprender su mensaje en un entorno dominado por el historicismo [12], teniendo también presente que en el fondo toda historia del pensamiento o de la filosofía, es filosófica en si misma. [13]

La modernidad en realidad había perdido mucho al olvidar que la política busca siempre conservar o cambiar algo y por ello toda acción política pretende evitar un daño o hacer un bien, con lo que su accionar gira siempre en torno a lo bueno [14], como los pensaban Sócrates o Platón, quienes consideraban efectivamente que toda acción política se dirigía a alcanzar el conocimiento de lo bueno, de la buena vida y la buena sociedad. [15] Así pues, la esencia de la filosofía política se encontraba en la búsqueda del mejor régimen político [16] como el mismo Strauss lo señalaba expresamente:

“Filosofía política es el auténtico intento por conocer tanto la naturaleza de las cosas políticas como del correcto o el buen orden político” [17]

En este sentido, era preciso hacer desde un inicio, una distinción entre filosofía política y pensamiento político, pues si bien toda filosofía política era pensamiento político, no todo pensamiento político podía ser considerado filosofía política. De hecho, el pensamiento político no hacía ninguna distinción entre opinión y conocimiento [18] , en tanto, que la filosofía política si lo reconocía y pretendía en el fondo transformar las opiniones políticas en conocimiento político. El conocimiento político que busca la filosofía política se dirige así a comprender la naturaleza de las cosas políticas y esto en realidad era lo que antiguamente se conocía como ciencia política (politike episteme). [19]

Ciertamente, es común a cualquier persona el conocer algo sobre leyes, impuestos, instituciones públicas, corrupción, sufragio entre muchos otras cosas políticos, pero esto dista mucho de comprender la naturaleza de la política que sería algo más propio del estadista, de aquél que posee realmente conocimiento político o sabiduría política.

Si como señalaba Strauss siguiendo a los antiguos, que el tema de la filosofía política era el “Hombre y la Ciudad” [20], entonces el conocimiento político implicaba también poseer un conocimiento cabal de la propia naturaleza humana, lo cual ya nos dejaba ver la complejidad de la filosofía política análoga a la complejidad del hombre y su naturaleza.

“Todo el conocimiento de las cosas políticas implica asunciones respecto a la naturaleza de las cosas políticas; esto es, asunciones que conciernen no sólo a una situación política dada, sino a la vida política o la vida humana como tal”. [21]

Sin embargo, había que recalcar que la idea de filosofía política implicaba siempre búsqueda de la verdad política mas no su posesión, pero para aproximarnos a dicha verdad era necesario abordar la realidad en su totalidad. Precisamente, esta característica esencial de la filosofía política parece perderse en el mundo moderno que gracias a la visión científica positivista ha fragmentado el conocimiento, tratando así de simplificar una realidad que ya no alcanzaba a entender. Al hacer esto, la filosofía política dejó de ser la “ciencia” o saber que abarcaba todos los asuntos concernientes al hombre, apareciendo en su reemplazo la economía, la sociología, entre otras, quitándole entonces su propósito y fines [22]. La modernidad, en este caso, siendo concretamente científica e histórica, desacreditó el conocimiento filosófico al considerarlo acientífico y ahistórico:

“El rechazo de la filosofía política por acientífico es una característica del positivismo de hoy. El positivismo no es más lo que se deseó que fuese cuando Augusto Comte lo originó. Aun concuerda con Comte en el sentido de afirmar que la ciencia moderna es la forma más alta de conocimiento, precisamente, porque su propósito no es más como lo tenían la teología o la metafísica, un conocimiento absoluto del “Por Que”, sino un conocimiento relativo del “Como”. Pero, tras haber sido modificado por el utilitarismo, el evolucionismo, y el neo – kantismo, se ha abandonado completamente la esperanza Comtiana que una ciencia social moldeada sobre la ciencia natural estaría en condiciones de superar la anarquía intelectual de la sociedad moderna. Alrededor de la última década del siglo XIX, el positivismo de la ciencia social alcanzó su forma final al considerar que existe una diferencia fundamental entre los hechos y los valores, y solamente los juicios fácticos son de competencia de la ciencia: la ciencia social científica es incompetente para pronunciar juicios de valor, y debe evitar hacer cualquier juicio de valor. Así en lo concerniente al término “valor”, en enunciados de esta clase , difícilmente podemos decir más que “valores” significan tanto cosas preferidas como también principios de elección. “ [23]

La neutralidad valorativa propuesta por la modernidad, se convirtió así en el gran problema para la permanencia de la filosofía política pues ya desde los primeros autores modernos como Maquiavelo, se apreciaba el intento por neutralizar los conceptos políticos, por ejemplo, en el caso del término “Príncipe” que aparecía como una palabra “neutra” frente a lo que implicaría hablar de monarcas o tiranos, que si poseen una carga valorativa concreta, peor aun, en ninguna parte de dicho texto había alguna referencia al término “bien común” . [24]

Así, se puede desprender de todo lo dicho, que la filosofía política nació estrechamente ligada a la vida política, pero que este hecho fue dejado de lado por la filosofía política moderna que se creo a partir del método y del lenguaje científico, esto a partir del siglo XVI [25] :

“ Actualmente , la ciencia política puede creer que al rechazar o separarse de la filosofía política, permanece de manera más directa con la vida política; sin embargo, solo entra en contacto con la realidad política a través de la mediación de las ciencias naturales modernas o la reacción contra la ciencia natural , y a través de un número de conceptos básicos heredados de la tradición filosófica, a pesar del desprecio o ignorancia que pesa sobre ellos” [26]

Por ello, esta será la base del desarrollo de la llamada “ciencia política moderna” que deja de interesarse en el problema fundamental de la filosofía política que era como ya habíamos visto, la búsqueda del mejor régimen político, desplazándola por problemas de carácter metodológico, lo que evidencia en último término la desconexión de la ciencia política con la realidad política. [27]

Ciertamente, como ya lo había anotado un conocido pensador político, la esencia de la política se basa en la oposición entre amigos y enemigos [28], así también, Strauss admitía que los conflictos entre personas que defienden posiciones contrarias es una característica de la vida política. Esto muestra también que cada una de las partes considera que su demanda es buena (inclusive en muchos casos que es también buena para los demás) o justa, por lo que todo conflicto requiere de un arbitraje, siendo el filósofo político el árbitro por excelencia en este caso del conflicto político .[29] La tarea del filósofo político, implica entonces el conseguir un acuerdo entre las partes en disputa como un buen ciudadano que colabora con la unidad de la comunidad.

El filosofó político puede entonces con su manejo de la “ciencia política” [30] lograr soluciones inclusive fuera de su misma ciudad en la medida que los problemas políticos son en el fondo problemas de carácter humano. Tal hecho, nos conduce al tema central de la filosofía política que es el de la virtud [31] y el modo como podemos alcanzarla. Este fue evidentemente un tema de gran preocupación para Strauss, como lo fue también para los filósofos clásicos, por ello el énfasis entorno a la educación para la virtud, educación para la libertad o educación liberal, que fue también una inquietud para algunos de los pensadores más importantes de la política moderna como Rousseau o Mill y que no es otra cosa que la educación que nos conduce hacia la cultura, vale decir, el cultivo de la mente y de nuestro carácter [32].


[1] Precisamente en dos de los diarios más importantes del planeta como el New York Times y Le Monde aparecieron las primeras asociaciones mediáticas entre Leo Strauss y la Guerra de Irak. Ver al respecto los artículos de James Atlas, “ Leo – Cons: A Classicist´s Legacy: New Empire Builders”, en The New York Times, Mayo 4 , 2003 y de Alain Fronchon & Daniel Vernet, “Le Stratege et le Philosophie”, en Le Monde, Abril 15, 2,003.
[2] Nos referimos concretamente al libro de la cientista política canadiense Shadia B. Drury, Leo Srauss and the American Regime. New York: San Martin Press, 1999 y al de Anne Norton, Leo Strauss and the Politics of American Empire. New Haven: Yale University Press, 2004. Curiosamente, ambos libros severamente criticados por los discípulos de Strauss tienen la peculiaridad de evitar las citas de la misma obra de Strauss por lo que sus conclusiones entran más bien en el terreno ideológico y especulativo careciendo del rigor académico que se requeriría para un proyecto de esta índole. Sin embargo, son estos “ligeros” textos los que sirven de sustento a la prensa para poder establecer los nexos entre Leo Strauss y la política de Bush.
[3] Para una mayor referencia sobre su paso por la academia norteamericana ver la parte primera de Leo Strauss, the Straussians, and the American Regime, editado por, Deustch L. Kenneth & Murley, John A. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 1999.
[4] East, John P. “Leo Strauss and American Conservatism” en: Modern Age, the first twenty – five years, a selection , editado por George A. Panachis. Indianapolis: Liberty Press, 1988. p.257
[5] Tarcov Nathan & Pangle, Thomas L. “Leo Strauss y la Historia de la Filosofía Política” en: Strauss, Leo & Cropsey, Joseph. Historia de la Filosofía Política. México: Fondo de Cultura Económica, 1993, p.854.
[6] Que se comprenderá mejor a través de la lectura de su artículo, “The Three waves of modernity”, en: An Introduction to Political Philosophy, ten essays by Leo Strauss. Gildin, Hilail. (editor) Detroit: Wayne State University Press, 1989
[7] Entre ellos se destacan ciertamente Hobbes, Spinoza y Maquiavelo, ver por ejemplo sus textos, The Political Philosophy of Hobbes, its basis and its genesis. Chicago: Chicago University Press. 1963; Spinoza´s Critique of Religión. New York: Schocken Books, 1965 y Thoughts on Machiavelli. Chicago: Chicago University Press, 1978
[8] Para una comprensión de lo que implica postmodernidad se puede revisar: Lyotard, Jean Francois. The Postmodern Condition: A report on knowledge. Manchester: Manchester University Press, 1992; Sarup, Madan. An Introductory Guide to Post – Structuralism and Postmodernism. Hertfordshire: Harvester Wheatsheaf, 1993; Lyon, David. Postmodernidad. Madrid: Alianza, 1996 o Pippin, Robert B. Modernism as Philosophical Problem. Oxford: Blackwell, 1993.
[9] En realidad no hace muchos años que comienza a hacerse más popular la literatura que ha venido destacando esta naturaleza contradictoria de la modernidad entendida principalmente en su variante racionalista francesa, desde la ya clásica obra del profesor Isaiah Berlin. Four Essays on Liberty. Oxford, Oxford University Press, 1969, o Against the Current, essays in the history of ideas. London: The Hogart Press, 1955; de Alasdair MacIntyre. After Virtue, a study in moral theory. London: Gerald Duckworth & Co. Ltd, 1981; Michael Oakeshott. Rationalism in Politics and Other Essays. London: Methuen & Co. Ltd, 1962; y más recientemente, John Gray. Two Faces of Liberalism. Cambridge: Polity Press, 2,000
[10] “La crisis de Occidente consiste en un Occidente que ignora cual es su propósito” , Strauss, Leo.
Introducción a: The City and Man. Chicago: Chicago University Press, 1978, p.3
[11] Lo cual demuestra también algo fundamental que es la misma naturaleza contradictoria de la modernidad.
[12] Tarcov, Nathan & Pangle L. Thomas (…) p.855.
[13] Strauss. Leo. Philosophy and Law, contributions to the understanding of Maimonides and his predecessors. Albany, NJ: State University of New York, p.41.
[14] Strauss, Leo. “What is political philosophy” en: What is Political Philosophy, and other studies. Chicago: Chicago University Press, 1988. p. 10. Existe edición en español, ¿Qué es Filosofía Política?. Madrid: Guadarrama, 1970.
[15] Ibid.
[16] Natural Right and History. Chicago: Chicago University Press, 1953. pp. 135 – 140; “Philosophy as Rigorous Science and Political Philosophy” en: Studies in Platonic Political Philosophy. Chicago: Chicago University Press, 1983, p.29; “On Aristotle´s Politics” en: The City and Man. p. 17.
[17] WIPP (...) p. 12
[18] Ib.
[19] Ibid., p. 14. También, Liberalism Ancient & Modern. Chicago: Chicago University Press, 1995. pp.203 – 223. Ojo que no hay que confundir esta noción de ciencia política con lo que puede ser hoy la ciencia política alejada completamente de la idea de lo bueno y construida más bien en base a la separación entre hechos y valores. Más adelante ahondaremos en este tema.
[20] Strauss, Leo. The City and the Man; (...) p.1.
[21] WIPP (...) p. 16; Xenophon´s Socratic Discourse, an interpretaion of oeconomicus. Ithaca: Cornell University Press, 1970. p. 83.
[22] WIIP (...). p.17.
[23]- Ibid., p. 18.
[24] Strauss, Leo. Thoughts on Machiavelli. (...) p.26. Aunque es verdad que esto ocurre en dicho texto y no en Los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio por ejemplo. Más adelante desarrollaremos este problema con mayor amplitud.
[25] “On Classical Political Philosophy” en: WIPP (…) pp. 78 – 79.
[26] Ibid., p. 79.
[27] Ib.
[28] Schmitt, Carl. El Concepto de lo Político. Madrid: Alianza, 2,001. Para una referencia a la relación entre Carl Schmitt y Leo Strauss se puede ver el libro de Heinrich Meier. Carl Schmitt and Leo Strauss, the hidden dialogue. Chicago: Chicago University Press, 1995.
[29] “On Classical Political Philosophy” en: WIPP (…) pp. 80 - 81.
[30] En este caso, entendida como una serie de habilidades y aptitudes como la prudencia, la sabiduría práctica, la inteligencia entre otras, y destinada a regir la buena marcha de una comunidad, por ello, las comillas para diferenciarla de la Ciencia Política moderna que carece de esa finalidad. Cfr. “On Classical Political Philosophy” en: WIPP (…) pp. 82.
[31] “El tema central de la filosofía política clásica es la virtud, o la excelencia humana . Las preguntas que típicamente preocuparon a Sócrates y sus seguidores son: ¿Qué es la virtud? ¿Puede enseñarse?, y si es así, ¿Cómo?, ¿Cuál es la educación que hace a un ciudadano y a un ser humano completo?, ¿Qué es un estadista y un ciudadano virtuoso? ¿Qué es un verdadero amigo?, ¿Quién o qué es merecedor de un amor apasionado? Pangle. L. Thomas. Introducción a: The Rebirth of Classical Rationalism, an introduction to the thought of Leo Strauss. Chicago: Chicago University Press, 1998. p. xiii.
[32] What is Liberal Education?”, en: An Introduction to Political Philosophy, ten essays by Leo Strauss.(…). p. 311.

7 comentarios:

malditogatomayor dijo...

Hola Eduardo,

Muy interesante crítica de Strauss a la CCPP, en realidad creo que ese afán que tenemos de ser científicos como sea nos ha llevado a complejizar más y más en el método pero no podemos responder la pregunta de "conocimiento para qué?"

Creo que esto se evidencia en la gran desconexión de la academia con los que hacen política. Sin embargo, debo decir que hay muchos académicos que bajo el ropaje de "ciencia" en realidad hacen política desde su "trinchera intelectual".

Es evidente que el sueño a-valorativo de la CCPP es una búsqueda infundada. En ese sentido la pregunta por la esencia de lo político me parece que no debe ser escatimada bajo el ropaje positivista.

Justo acabo de escribir sobre este mismo tema para mi facultad.

Un saludo afectuoso,

Carlos P.

eduardo hernando nieto dijo...

Hola carlos, totalmente de acuerdo, precisamente mi primer contacto con Strauss fue cuando escribi un ensayo sobre la neutralidad en las ciencias sociales y encontre "derecho natural e historia" donde Strauss cuestiona la tesis de la neutralidad presente en la obra de max weber
un abrazo
eduardo

Juan dijo...

Prof. Hernando Nieto,

He estado pispeando un poco en su blog y he encontrado ciertas coincidencias. Me encuentro realmente interesado en poder leer sus dos libros. Quisiera saber si tiene alguna idea de si son accesibles ellos en argentina. Gracias, Juan.

eduardo hernando nieto dijo...

hola juan, gracias por tu comunicacion, no creo que lleguen a las librerias de argentina, en todo caso los puedes comprar por internet al mismo fondo editorial de la pontificia universidad catolica del peru donde los edite, esta es la direccion:
www.pucp.edu.pe (publicaciones)
saludos
eduardo

Iván Garzón Vallejo dijo...

Muy bueno.
Es una lástima que se consiga tan poco material de y sobre Leo Strauss en el Perú...

eduardo hernando nieto dijo...

hola ivan! muchas gracias, sin embargo te dire que las cosas han mejorado a lo que era antes pues gracias a la editorial argentina Katz tenemos acceso a varios textos importantes, habria que leer tambien a los straussianos como pangle, tarcov, mansfield, y ojala que traduzcan ya el texto del prof frances Daniel Tanguay "leo Strauss une biographie intellectuelle" que es considerado por los straussianos como lo mejor que se ha escrito sobre el!
un abrazo
eduardo

SECCION 11T dijo...

Sólo deseamos decirle que su trabajo es fascinante.

Pablo Tello