viernes, 8 de octubre de 2010

Max Weber desde el sur del mundo


Artículos de Metapolítica: Este texto sirvió de base a la presentación del libro del colega chileno Luis Oro Tapia, titulado Max Weber La Política y los Políticos, una lectura desde la periferia (Santiago de Chile, RIL editores, 2010), la presentación se efectúo en el Centro Cultural Montecarmelo , del Barrio de Bellavista (Providencia, Santiago de Chile) en el mes de Septiembre 2010.


Max Weber desde el Sur del Mundo

Eduardo Hernando Nieto

I Introducción

A propósito del interesante trabajo publicado por el Profesor Luis Oro Tapia “Max Weber: La Política y los Políticos, una lectura desde la periferia” (Santiago de Chile, RIL Editores, 2010) quisiera efectuar una lectura crítica considerando algunos aspectos contrarios a la metapolítica que desarrolla el ilustre sociólogo alemán. Quiero empezar por el aspecto negativo para luego pasar a destacar más bien el lado luminoso del profesor alemán a fin de concluir con un balance de su aporte en nuestro caso desde una perspectiva americana y metapolítica.

1. ¿Por qué no Max Weber?
Sin dudas que al ser considerado Weber como uno de los padres de las ciencias sociales su pensamiento no puede ser ajeno o contrario a la distinción entre los hechos y los valores que marcó el camino de la ciencia moderna y también de lo que fue el rechazo al concepto de naturaleza y de derecho natural [1]. En este sentido, Weber ser identificará en un primer término con la denominada primera oleada de la modernidad (Positivismo) y luego con parte de la segunda ola asociada esta vez con el historicismo [2]. El pensamiento weberiano siempre se caracterizó por negar cualquier posibilidad de conocimiento de los valores (deber ser) , según Weber existirían una enorme variedad de valores siendo estos inconmensurables por lo tanto no habría ninguna posibilidad de resolver conflictos entre ellos por lo que la ciencia social a lo mucho solo podría aclarar el conflicto a fin de que el individuo elija. [3] El problema con una lectura como esta es que nos deja a un paso del relativismo y de allí rápidamente hacia el nihilismo. Precisamente, reconocemos en Weber al autor que nos alertó respecto a la tendencia hacia la “petrificación” de la instituciones modernas vía el avance de la racionalidad, sin embargo, Weber también sostuvo que esta corriente de solidificación en todo caso podría ser enfrentada vía un resurgimiento de la espiritualidad y el carisma, empero, el gran problema sería que de acuerdo al punto de vista neutral que adoptaría Weber, la razón nunca podría determinar si es correcta la vía de la racionalidad o la vía del espíritu, es decir, no cabría efectuar un juicio de valor [4] ante ambas posturas. En este mismo sentido, las conocidas éticas asociadas a la conducta política destacadas en su conocido trabajo “La política como profesión” [5], es decir, la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad [6] tampoco podrían ser dilucidas ya que igualmente nos encontraríamos incapacitados de tomar partido por una u otra. [7]
Finalmente, la pregunta en torno a la dificultad que encontramos en elegir a nuestros políticos en comparación a la facilidad que tendríamos por ejemplo para seleccionar al médico que quisiéramos que nos atienda y nos cure [8] no puede ser absuelta por el propio texto de Weber ya que al final por más que desarrolle los postulados éticos ya indicados por la misma neutralidad invocada en la base de su trabajo nunca podríamos determinar con claridad cuáles serían los fines y los propósitos de los políticos y la política, esto por la sencilla razón que esta pregunta solamente podría ser absuelta por la Filosofía política mas no por la Ciencia Política. [9]
2.¿Por qué si Max Weber?
Como lo aseveró el profesor Strauss refiriéndose obviamente a Weber, “no obstante sus errores, es el más grande científico social de nuestro siglo” [10] , tal afirmación en boca de quien es considerado uno de los más importantes – para mí el más grande – filósofo político del siglo XX no es poca cosa. Su prolijo análisis sobre la modernidad y sobre todo destacando sus contradicciones no pueden ser soslayadas si se trata precisamente de entender cómo es que se ha llegado a la crisis presente y como es que nos encontramos en medio de un aparente callejón sin salida. Basta sus lecturas sobre el desarrollo del Estado Moderno y el capitalismo para considerar a Weber un autor imprescindible amen que refleja también mucho del pensamiento alemán de fines del siglo XIX y comienzos del XX que influenciará en el desarrollo de muchos de los pensadores de la “Revolución Conservadora alemana” [11].
Pero si ubicamos a Weber en la primera oleada de la modernidad (positivismo) hay que equiparar entonces las ideas de Weber con aquellos forjadores de la Ciencia Política moderna es decir, con autores como Maquiavelo y Hobbes por citar a dos. Ellos a su vez son reconocidos como los artífices del llamado “Realismo Político” y esto significa que no ven la política de manera especulativa o abstracta (como ocurre en la ciencia política contemporánea) sino en su dimensión empírica marcada por la presencia permanente del poder de la fuerza y porque no de la violencia también. [12]
En tiempos tan edulcorados como los actuales donde el liberalismo – como sostuvo Schmitt – escamotea cualquier decisión política o donde se ha olvidado el significado de la política como los sostendría Strauss, es decir “hacer el bien y evitar el mal” sin duda que el realismo político resulta siendo una necesidad imperiosa y Weber resulta un enorme aporte en esta línea. Es más, estando el realismo identificado con la primera ola de la modernidad su nexo o contacto con el mundo de la filosofía política clásico es aún fresco y vital, de allí que finalmente el propio Weber tenga que lidiar con los valores malgré tout.
Finalmente, la perspectiva realista nos desmarca de las tendencias “igualitarias” contemporáneas tan ligadas a la “corrección política” y tan ajenas a permitir liderazgos importantes y mucho menos a apostar por una élite o clase política gobernante. Weber a tenor inclusive de lo que dicen los teóricos políticos contemporáneos [13] aboga en favor de la “democracia elitista” (junto con autores como Mosca o Schumpeter) lo cual ciertamente nos lleva a simpatizar más con el profesor alemán.

3. Max Weber desde el Sur del Mundo
Si bien el texto del profesor Oro Tapia plantea una lectura weberiana desde el Sur de América, considero que autores como Weber finalmente reflejan una realidad que es verificable aquí y en el resto del mundo. La corrupción en los políticos de hoy es la misma en Chile, Perú o Alemania, en este sentido, plantear una mirada desde un punto geográfico determinado puede ser peligroso ya que orillaría por las fuentes del historicismo lo cual como ya indique podría conducirnos hacia el reino del anomos (nihilismo). Por lo demás considero que una lectura fresca de la obra weberiana (como realiza el profesor Oro Tapia) contribuye sin duda a mejorar el lúgubre panorama de la política contingente y a echar ciertas luces de esperanza de algún cambio futuro, mil veces es preferible elegir al realismo político ( a pesar de sus diferencias con la filosofía política clásica) que quedarnos atrapados en el discurso especulativo de los derechos humanos liderado por los liberales de hoy.
[1] Leo Strauss, Natural Right and History, Chicago, Chicago University Press, 1970, cap.2.
[2] Leo Strauss, “The Three waves of modernity” en An Introduction to Political Philosophy. Ten Essays by Leo Strauss, Hilail Gildin (ed) Detroit, Wayne State University Press, 1975. En realidad como sostiene el profesor Strauss , Weber se alimenta en un primer término de la filosofía postkantiana (de allí asume su ética y el individualismo) y luego del historicismo desde nos conduciría a negar la posibilidad de que exista algún orden que pueda ser calificado como racionalmente correcto.
[3] Leo Strauss, Natural Right and History, pp. 41 – 42.
[4] Ibid., p. 43.
[5] Max Weber, La política como profesión, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007
[6] La primera asocia la conducta política con la pasión y entusiasmo mientras que la segunda con la razón y considerando el impacto que podría generar nuestra conducta hacia los demás. Cfr. Luis Oro Tapia, Max Weber: La Política y los Políticos una lectura desde la periferia, Santiago de Chile, RIL editores, 2010
[7] Aquí si discrepo cordialmente de lo sostenido por el profesor Oro Tapia, en el sentido de que él si considera factible un balance entre las dos éticas, desde mi punto de vista la propuesta escéptica de Weber impediría tal cosa. Cfr. Luis Oro Tapia, Ibid. p.31.
[8] Ibid., pp. 28 – 29.
[9] La Filosofía política justamente nos ofrece respuestas respecto a lo que debería ser la conducta correcta y en torno a los fines de la vida política y al mejor régimen político. Cfr. Leo Strauss, ¿Qué es Filosofía Política?, Madrid, Guadarrama, 1970.
[10] Leo Strauss, Natural Right and History, p.36.
[11] Cfr. Armin Mohler, La Révolution Conservatrice en Allemagne, 1918 – 1932, Puiseaix, Pardès, 1993. Max Weber se habría encontrado entonces en la época en la cual empezaban a manifestarse estas ideas claramente contrarias al espíritu de la ilustración racionalista. Igualmente es conocida la influencia de Weber en representantes visibles de la revolución conservadora como es el caso de Carl Schmitt, Cfr. John P. Mc Cormick, Carl Schmitt´s critique of Liberalism, against politics as Technology, Cambridge, Cambridge University Press, 1997.

[12] Como bien lo indica el profesor Luis Oro Tapia en su texto, “el vínculo que existe entre la política y la violencia se ha hecho cada vez más intenso desde la institucionalización del principal actor político de los últimos cinco siglos: El Estado moderno” Op.cit, p.26.
[13] Basta revisar el clásico y políticamente correcto texto de David Held, para corroborar esto. Cfr. David Held, Models of Democracy, Cambridge, Polity Press, 1988.

5 comentarios:

Te amo, espíritu mío dijo...

En el mundo, en la jungla, existencia competitiva de rivalidades, figura una ley:

El que cuenta con 10 adeptos se ensaña con el que es respaldado por 30, el que no es leído no tolera al que es leído y el que escribe sobre ideas de terceros no soporta al que escribe sobre sus propias ideas. Esa es una actitud marxista en muchos que presumen ser derechistas.

Occam dijo...

Max Weber es sin dudas imprescindible, aunque coincido que más desde el punto de vista de la ciencia de la sociedad que de la ciencia de la política. El pluralismo de los valores, tan hegemónico en el mundo actual, encuentra en Max Weber una respuesta profunda y seria, de la que ha tomado el guante recientemente John Gray en Las Dos Caras del Liberalismo, al plantear el problema que enfrentan las sociedades modernas, sumamente complejas y heterogéneas, en el conflicto de valores irreductibles e irreconciliables, todos ellos considerados legítimos por sus defensores, a la par que tamizando a la sociedad, de forma tal que no siempre los mismos se encuentran en la misma vereda frente a cada situación de conflicto axiológico.
En tal sentido, la posición weberiana, que considera al conflicto desde la naturalidad aristotélica, ayuda a sobrellevar los episodios que parecen sin solución, hacia la lógica del "buen vivir", de su armonización. El único factor que puede mediar en los conflictos de valores de la sociedad plural con un sentido constructivo es, por supuesto, la política.

Un cordial saludo, y felicitaciones por el artículo.

Eduardo Hernando Nieto dijo...

gracias Occam por tu comentario, sin embargo, me parece que Gray (ahora como discípulo de Berlin) responde desde una tradición más cercana al historicismo (liberalismo pluralista) enfrentada al racionalismo monista. En este sentido, seria interesante una comparacion entre los tres (Weber, Berlin y Gray)
Me parece que Strauss es mucho más util si se trata de ir directo al problema de los valores
un saludo
eduardo

peruconservador dijo...

He leído el trabajo de Oro Tapia sobre el liberalismo en relación a Schmitt y ahora su trabajo de Weber, me parece interesante el rebrote de apreciaciones del Realismo político que son próximas a la tradición clásica. Michels y su libro “partidos políticos” puede también dar nuevas luces sobre estos temas.
He ahondado en el realismo político no solo porque nos permite un vínculo con la realidad política para efectivizar mecanismos y argumentos, sino precisamente porque está más ligado al sentido clásico de lo político. Tengo la apreciación que si bien Weber señala una imposibilidad de responder valorativamente a la política, fomenta una inyección de valoración, mística para dar nueva sangre a la petrificación de las instituciones y el sistema político. ¿Subyace aquí, una aceptación de que lo moral no puede desligarse de lo político?
Strauss en este sentido nos brinda un sentido direccionador en torno a lo político, ya que la política desde un punto de vista strassiano es siempre y posee un carácter valorativo implica: lealtad y obediencia, parcialización, es en este sentido donde rompemos no solo con aquellos que excluyen la moral sino la neutralidad, concepto anti-político.
Roberto Bazán

Eduardo Hernando dijo...

correcto roberto, de hecho, weber tambien influencia tambien en el pensamiento schmittiano y a pesar de su posicion cientifica (positivista) es muy valioso mucho mas que los teoricos politocos contemporaneos
un abrazo
eduardo